Gloria y Mateo

Por Sole Lladó

Cuando era chica mi abuela me obligaba a ir al cementerio una o dos veces por mes a ponerle flores a mamá. Era toda una ceremonia que compartíamos y hasta disfrutábamos juntas. Teníamos que viajar de Sarmiento a Arrecifes y allí apelar a la bondad de alguien que nos acerque al cementerio que quedaba sobre la ruta 8 alejado del centro. Comprábamos flores o llevábamos strelizzias que en el jardín de la abuela crecían de a montones, los crisantemos casi siempre eran los elegidos por el tamaño y la duración, cubrían bien el maceterito del nicho, quedaban lindos y a veces duraban hasta dos semanas. Detestábamos que nuestros muertos parecieran desatendidos. Siempre además en el ramo, casi sin preguntar, el florista nos agregaba dos rosas blancas. Y empezaba la aventura. Me encantaba preguntar por cada una de las tumbas por las que pasábamos y me llamaban la atención. Después del recorrido de los 4 ó 5 panteones de la familia, había dos lugares obligados más. Una era la de los “chiquitos” y la otra la de tía Gloria y su esposo Mateo. Ahí siempre iba la rosa blanca, después apoyábamos los cacharros en los que transportábamos agua y nos íbamos. Un día, después de poner la flor y persignarnos, quise saber quienes eran ellos, los que no recibían la misma flor que el resto y no se los nombraba más hasta la próxima visita al campo santo. La abuela Elba era una gran contadora de historias de familia y de tiempos pasados, la mayoría de las veces iban acompañadas de emotivas lágrimas y una gran congoja así que ni lerda ni perezosa, chasqueó la lengua se acomodó el anillo de casada que después de años de viuda seguía luciendo con orgullo y empezó el relato. Parece ser que la tía Gloria no era “tía” pero ella nunca preguntó a nedie que tipo de parentesco tenían. La historia transcurría el Rosario, donde vivían los Sciarini, la familia de la abuela Carolina, su mamá y adonde llegó el barco en el que venía el turco Emilio Chalich, mi bisabuelo. En ese momento Gloria tenía 19 años y vivía con su familia entre ellos la tía Maruca que estaba muy enferma y amenazaba con morirse cada dos por tres. Cada vez que creían que la pobre vieja partía, llamaban al cura del pueblo para que le de la extremaunción. Fueron tres o cuatro veces las visitas del sacerdote a la casona de la calle Colón hasta que la enferma realmente pasó a mejor vida. Desde el descanso de la escalera de mármol Gloria veía entrar al religioso que era muy joven y se llamaba Mateo.
Mateo tenia alrededor de 36 años y era muy jovial y apuesto, no le gustaba usar el hábito fuera de la iglesia y así dejaba ver su cuerpo atlético y su buen gusto para vestir. Gloria estaba perdidamente enamorada de aquel curita y cuando este traspasaba la puerta de entrada sus mejillas empezaban a arderle de rojas y también su entrepierna, aunque sabía que era imposible lo que le estaba pasando y hasta se sentía una pecadora por mirarlo. Mateo la miraba de reojo también, pero nunca había cruzado realmente sus miradas.

Gloria iba religiosamente los domingos a la misa del padre Jorge, pero a raíz de la partida de la tía Maruca, empezó a frecuentar en la semana para pedir que su alma llegue pronto al cielo. La misa de 7 la daba Mateo. Ella se sentaba adelante, cantaba alto, lo miraba mucho y hasta pasaba el limosnero. Hasta que Mateo sucumbió a sus encantadores modos de niña caprichosa y empezó a devolverle la mirada. De a poco, fueron encontrando excusas para verse a solas hasta que él le dijo que estaba perdidamente enamorado. Que no podía ocultarlo más y obviamente a ella le pasaba igual.

Él dejo los hábitos, huyeron de Rosario y se casaron a escondidas. Vivieron ocultos en Córdoba varios años de la familia de Mateo que nunca le perdono la ofensa a la Iglesia y la vergüenza a la familia misma. Ni hablar de la madre tana de Gloria y menos del padre. Le juraron nunca mas dirigirle la palabra y la echaron como un perro sin un peso ni una valija con su ropa. El padre del ex cura los perdono y les dio su bendición cuando nació el segundo hijo.
Cuando el abuelo Emilio enviudó se mudó a Arrecifes con mi abuela y mi tia y puso una tienda de telas en la esquina de España y Mitre. Le empezó a ir muy bien, así que le mando un telegrama a Mateo diciéndole que se muden allí que trabajo y comida no les iba a faltar.
Mateo vivió hasta los 86 años, estuvieron 50 juntos y no hubo ni un solo día de sus vidas que él no le regalase una rosa blanca. Por eso cada vez que íbamos a cementerio le poníamos una rosa a la tía gloria que obviamente murió de tristeza al poco tiempo que Mateo partió. Sus hijos los enterraron juntos en el mismo nicho. Sin cajones, porque vivieron libres y así querían que descansen sus restos.
Cuentan las mujeres de mi familia que una vez unos obreros del cementerio municipal fueron a remover la tierra y pudieron ver los restos de esqueletos entrelazados como en un abrazo que desprendían aroma a rosas.

Me declaro en aprendizaje permanente

Por Yamila Conti

Siempre me pude describir con algunas palabras, sin titubeos. Yo me creía muy fuerte en mis declaraciones, sin mostrar dudas, porque cualquier cosa que dejaba emerger desde mi interior podía exponerme a admitir que no estaba tan en lo cierto sobre ciertas cosas. Sentía que mi formación formal e informal me respaldaba para poder hablar de todo.

Mis decisiones varias veces no eran muy flexibles, porque cuando decidía algo, era teniendo la plena seguridad de estar en lo cierto. Mi lugar confortable era el de contener, y difícilmente podía bajar la guardia. Y tampoco contaba mucho lo que me pasaba, yo podía con lo mío.

En estos últimos años, cambié la escucha. Algo empezó a pasar debajo de mi superficie, algo que me fue desarmando. Y casi desarmada, llegué a este año.

Pasé unos días con amigas como muchas veces, y descubrí mucho de cada una de nosotras, porque capaz yo venía distinta. Y los relatos fluyeron, sin que nadie quiera sacar conclusiones mágicas, ni recetas infalibles. Y fue sanador. No porque hayamos llegado a la cura de nada, sino porque la charla nos permitió “conocernos”, conocerme. Probarme estar en silencio, porque no todo requiere respuestas, un silencio cómplice y de cuidado sin pedir nada a cambio. Y cuando abrí ciertas puertas, me di cuenta que no las quise cerrar.

Unos días después a ese viaje, señalé a una gran amiga con un palabra que sintió que la encasillaba, y se enojó. Primero me asombré por su exagerada reacción. Luego intenté explicarle que entendió mal, porque no fue mi intención (por supuesto que no!) señalarla.

Después, pensándolo mejor, me di cuenta que tenía razón, y no se si me disculpé, pero lo hago públicamente ahora. Porque aunque me considero lejos de estereotipar a la gente, algún vestigio de sociedad intentando usar moldes para que nada se vaya del cauce, tenía. Y no quiero ser ni un poquito más así.

Si realmente creo en los fines de semana sanadores, y revitalizantes con amigas, tengo que internalizar que las personas somos más de lo que mostramos, y con lo que está debajo hacemos lo que podemos, porque la primera impresión responde a ideologías que nunca me representaron.

Siempre creí que no tenía prejuicios, y mi primer gran desafío se me presentó parado en dos piernas en el cuerpo de una adolescente de 14 años, que con todos los tonos que tiene a mano, me lleva a caminos de pensamiento que son más liberadores.

Por empezar no quiero usar palabras que describan a las personas, ni a mi misma porque, como escuché hace poco, eso quita libertad, aprieta y ahoga.

Necesito que me necesites

 

Por Soledad Lladó
-Pensamos en invitarla a Charo una semana de vacaciones a Pinamar o los 15 días, pero no sé si no va a extrañar. -me dijo muy contenta mi hermana y mi corazón se aceleró. Automáticamente le puse que no, gracias, pero borré lo escrito y pensé que tenía que consultarle al papá de la criatura. Y así fue, cuando le dije a Guido le pareció buenísimo para Charo y para tener unos días solos y bla bla bla bla- no paraba de ver las bondades de que Charo se vaya con sus tíos a la playa.

Así empezó mi crisis. Primero me enojé con él, por no ver realmente lo terrible de la situación; después le dije a mi hermana que era una responsabilidad muy grande, quizá se replanteaba la invitación. Hasta que empecé a sufrir, porque se lo conté a Charo, y para mi sorpresa, la pequeña me contesto -Siiii, van a estar de fiesta con papá y yo sola con mis tíos en la playa, ¡estoy felíz!

Y la cara era de felicidad realmente, ya no podía dar marcha atrás. Oficialmente, mi hija de 7 años, mi bebé, mi cosita chiquita, se iba sola de vacaciones sin papá ni mamá. Se lo contó a todo el que quiso escucharla y estaba excitadísima. Cada día que pasaba crecía su entusiasmo y también mi angustia. Tenía que sumarme un problema más y fue el viaje en auto. La cabeza no me paraba de dar vueltas pensando en la ruta, el miedo que me daba y cuan desesperada iba a estar hasta que lleguen. No dormí bien un par de noches, tenía pesadillas y me despertaba sobresaltada. Lo agarré a mi cuñado e hice que me prometa que iban a ir a 80 kilómetros por hora. Pensaba en mis amigas separadas, cuando sus hijos se van con el padre 15 días y me prometí no separarme jamás. Sólo por eso.

La noche anterior dormí abrazada a ella, no la quería soltar y así me levanté con una contractura fatal. Le pregunté varias veces si no me iba a extrañar, con lo cual no la estaba ayudando en nada, claramente, pero ella seguía muy segura de querer irse. Armamos la mochila juntas y mi inconsciente hizo que me olvide los trajes de baño, indispensables para la estadía. La llevamos hasta la casa de Cande y empezó mi “Countdown”. Mi hermana (seguramente revoleando los ojos y mordiéndose el labio inferior) me escribía en cada parada que hacían. Vamos al baño. Cargamos nafta. Stop para hacer pis. ¡Pobre!

Lloré un rato tapada con la almohada, aunque estaba sola en casa, pero me lavé la cara y salí a hacer tiempo y pensar en otra cosa. Cuando llego la foto del cartel de entrada a Pinamar, respiré tranquila y me dije a mi misma: -ahora solo me queda esperar que me llame llorando porque me extraña. ¡Pumba mi cerebro! Estaba haciendo todo mal. Hasta que me encontré diciéndole a mi marido por teléfono: – ¿Entendés que necesito que me necesite?

Si, párrafo anterior para el olvido. Ese era mi miedo y creo que de cualquier madre cuando sentimos que nuestros hijos están creciendo (si somos más, me siento mejor). Además, me tenía que reencontrar con mi marido sin nadie en el medio, hacer planes para nosotros solos o no hacer nada directamente, dejar que suceda. Sin horarios, sin demandas y sin ningún “mamá esto, mamá lo otro”. Dormir hasta cualquier hora y también, por qué no, volver a estar de novios. – Pero ella es todo en mi vida, me encontré diciéndole esa noche a Guido, cuando cenábamos solos comida thai (nunca cenamos solos y menos comida thai que es antiniños) y su respuesta fue tajante: -Me tenés a mí, te tenés a vos y a un montón de gente. No le pongas ese peso, Sole, me dijo. Y me relaje.

Cuando a la noche me llamo llorando porque no podía dormir, ya estaba segura de que no la iba a ir a buscar corriendo como le había prometido y tampoco a la noche siguiente. También entendí que estaba haciendo muchas cosas mal, pero que me iba a tratar amorosamente e iba a ir corrigiéndolas de a una, de a poco. Por su bien, el mío y el de la pareja.

La pareja, un capítulo aparte. Necesitábamos muchísimo estar solos esos días y ocuparnos el uno del otro. Reivindicarnos nuestro amor. Los tíos unos genios porque sin darse cuenta, salvaron a la chiquita de las inseguridades de una madre sobreprotectora, que ahora está de novia con el papá y juntos vamos a ayudarnos para que no necesite que me necesite, sino que cuando me necesite, yo esté. ¡¡¡Y todos felices!!!

 

La Nueva Revolución Femenina

Por Sole Lladó – Ilustración Charo Bick

Violetas, verdes y celestes, pañuelos que muestran orgullosas niñas y mujeres de diferentes edades, ideas y credos. Que visten cuellos, cabezas y mochilas. Pero no ha de haber grieta, el fin es el mismo.
Gritos y cánticos frente a un parlamento mudo e inerte por resolver nuestro siglo del «queremos vivir» y sumado al queremos vivir, vivir como queremos, ganar como debemos y ser como podemos…
Militancia del no me ceda el asiento, no me deje el lugar en la cola del bondi y del «sobaquember» (el derecho femenino a llevar una vida lejos de la cera, de la luz pulsada y de la maquinita de afeitar). Militancia del soy madre, jefa de hogar y exitosa.
Que ya no usen nuestro culo para portadas de bebidas dietéticas ni autos de moda y que nuestras tetas se muestren gastadas por la lactancia, o turgentes por las cirugías pero que se muestren donde queramos nosotras, no donde les sirva al otro.

No embellecernos y salir a cara lavada, se ha convertido en una bandera de las redes sociales.

La nueva Revolución Femenina no adjunta manuales de estilo, sino que es el grito desesperado, cansado y a veces exagerado de años de agachar la cabeza, de salarios recortados y maternidades relegadas.
Hoy salimos a la calle y todos nos ven. Sin ollas ni sartenes que ya no lavamos. Hoy salimos a las calles, a mostrar lo que queremos, lo que necesitamos y cuanto valemos y guay con el que nos mande a lavar los platos. No sabemos si se viene el matriarcado o es el fin del patriarcado, lo que si sabemos es que no nos vamos a quedar calladas ante una palabra desubicada, una mano encima no deseada o un derecho al que queremos acceder y no nos dejan.

Unidas: verdes, celestes y violetas. Todas somos mujeres revolucionadas, y ese latido se hace eco en el aire.

Las diferencias que da el contexto

Por Nuria Am

Una amiga de una amiga le dijo a mi amiga que ella era el otro extremo de la falta de consideración por el otro… eso es bueno o malo?
A ver. Ser desconsiderado significaría no tener en cuenta lo que a otro le pasa frente a determinada actitud, no? Más allá de la intención con la que el primero actúa algo provoca en el otro… No tener en cuenta eso, es ser desconsiderado ¿Estamos de acuerdo?

Ahora, ser el otro extremo de la falta de consideración es ser muy considerado, lo cual sería un aspecto positivo… De todos modos, cuando esas palabras vienen acompañadas de un «revisate: solés cambiar planes para que otro no se quede colgado; te llevas mil pibes cuando tu intención era invitar a 2 amigos de tus hijos, pero de repente viste que un compañerito se ponía a llorar; te estresás el fin de semana de antemano porque tapás la agenda de compromisos para que nadie se sienta mal porque no vas a su evento, cuando en realidad tenías ganas de quedarte tipo esqueletito hasta terminar de ver esa serie que tenés pendiente hace más de 3 meses». Eso, dejaría de ser algo positivo para convertirse en algo totalmente contraindicado.

El contexto encierra el significado real de un comentario. Siempre. Eso no es novedad.

Entonces, de aquí me surgen 2 cuestiones para decirle a mi amiga:

La primera, como te ven te tratan, la escuchaste alguna vez? Si sos la que siempre considera, porque no esperar de vos que seas considerada? Y cuidado con decir alguna vez que no! si siempre decís que si!

La segunda, no te preocupes, como seas, igual, te van a criticar.

Re-conectarse en vacaciones

Por Yamila Conti

¿El destino de vacaciones es siempre el mismo? ¿Hay que elegir en base a lo qué fue el año o cómo queremos que sea el que comienza?

No soy de las que pueden planear a último momento más que una cena, así que imagínate que armar vacaciones en noviembre, menos. A lo sumo arranco en mayo para algo que va a ocurrir en enero o febrero del año próximo. Ya hablamos en @muydminasradio que la sensación de “vacacionar” comienza en la organización y se prolonga unas 3 semanas luego de volver, lo que me estaría dando una “sensación de vacaciones” de casi todo el año…así que no estaría tan mal la ecuación.

Volviendo a lo nuestro. Muchas veces la selección de destino es siempre la misma. Hay algunos que van por el mar, otros por la montaña; algunos encuentran en el contacto con la naturaleza la pausa esperada, otros que esperan las vacaciones para las salidas entre mil personas.

En mi caso estar con los pies en el agua y panza arriba en la arena es igual a descansar y cargarse de energía, por lo tanto, esa es la solución a un año de alto desgaste; en cambio, caminar por una ciudad, familia plantel completo, entrar a museos y levantarse temprano es, a priori, un plan cansador, por lo tanto pocas veces elegido.

Y ahí surgió mi pregunta: ¿para elegir la naturaleza, sea montaña, sierra o playa necesitamos una mente en paz para disfrutar, o por el contrario necesitamos una mente agitada que necesite calma?

Nunca me caractericé por ser una chica de calma. Cambié de carrera, de trabajos, me casé, me separé y me volví a juntar. Tengo una familia ensamblada y mis amigas son cosechas de distintas temporadas de siembra. Voy en búsqueda permanente.

El año pasado fue intenso, en todos los sentidos de la intensidad, y el 2018 pinta parecido, y me encontré organizando un viaje que requería de mucha cabeza despierta. Ciudades, caminatas, levantadas temprano, convivencia «fuerte» de plantel completo de familia, con cada integrante en modo acelerado por edades, eventos desafortunados y sustos.

Y esta vez la historia, el arte, los datos curiosos, estar en asombro permanente, fue motivador e hizo poner mi cabeza y corazón en movimiento. Cada uno se encontró en con una mirada con perspectiva distinta, y eso este año fue más atinado que las patas en la playa.

Las vacaciones, período de desconexión del trabajo y de las rutinas habituales, concluí que son momentos para descubrir una playa, perderse en una ciudad, encontrar a un otro, encontrarnos a nosotros mismos, charlas sin tiempos o hacer una simple visita muy anhelada.

Hace poco leí que Joe Robinson, autor del libro Work to Live, señala que “ansiamos psicológicamente las vacaciones, porque nuestras neuronas desean dos cosas más que nada para lograr la plenitud a largo plazo: novedades y desafíos. Las vacaciones ofrecen ambas cosas y en abundancia”. Y si se trata de plantel familiar ensamblado lo que sobraron fueron desafíos!

Chicas en Tech

Por Cecilia Urrutia

Chicas que Vivimos en un mundo plagado de información. Para las que estudiar forma parte de nuestro día a día (y tenemos más de 40) es como respirar. Estás pegada a tu Celu, a tu laptop, a las redes sociales porque hoy en día todos nos movemos a través de la net.

Chicas, pedimos comida por web o por app, compramos zapatillas para los chicos vía web y pagamos nuestras cuentas con el teléfono. Y si te queres quejar? Tenes twitter.

Mi hijo de 13 años nació con la tecnología entonces para él es muy fácil, es nativo digital, tiene 4 dispositivos prendidos y te aseguro que les presta atención a todos. A mí me empezó a gustar el día que tuve mi primera computadora: tenía 2Mb de capacidad. Waaaw! Mi teléfono actualmente tiene 64MB.

Siendo mujeres y más, chicas en tech, hemos pasado por ocupar espacios en un principio privilegiados a varones. Costó bastante.

– Como que queres estudiar Java?
– Y, si, me interesa…
Lo más normal hace 10 años atrás, era que las chicas vayan a diseño y los varones a programación dura.

Aún hoy es difícil en muchos casos que nos tomen en serio como programadoras. Es como ser cameraman. Son varones. Conocen a alguna mujer cameraman? Yo no, pero me gustaría.

El tiempo nos va acomodando y hoy 2017, conozco muchas chicas que se largan a programar. Que les decís html y no te miran como un bicho salido del averno.

Mi novio también me mira como bicho del averno cuando le explico la diferencia entre http:// y https:// ahora que me acuerdo. Y nos terminamos riendo en buena.

Que suerte que cambió, que ahora somos muchas a las que nos interesa el mundo net, las que seguimos y no paramos y ya el hecho de ir a un museo nos dispara las ganas de plasmar eso en un código html.

No nos rindamos que falta poco. Somos muchas, seamos más.

Un cielo para volar

Por Yamila Conti

Ayer me di cuenta de muchas cosas.
Camino con los brazos libres. Duermo de corrido, salvo raras excepciones.
Coordino salidas de adultos sin programarlo con 1 mes de anticipación.
Puedo atrasarme trabajando, y adelantar mi salida de casa sin hacer malabares.
Puedo hablar con amigas por teléfono sin interrupciones; y la atención de mi mamá dejó de estar 100% en mi hermana Ana Clara y en mi.
Me pruebo ropa más rápido, porque el efecto contagio es muy «contagioso». Puedo ir al baño con la puerta cerrada y bañarme el rato que quiera.
Me encuentro con más paciencia, mis conversaciones son, casi todo el día, adultas. Los gritos los dejo sólo para cuestiones extraordinarias; y ya no soy una máquina de repetir sugerencias con pinta de órdenes.
Consensúo todo el rato. Dialogo hasta llegar a la profundidad de los temas para sacar conclusiones y nuevos temas, por supuesto.
Encuentro parecidos y opuestos en una misma hora, así como también los humores se subieron a una montaña rusa y no hay siesta que los cambie.
Me enorgullezco mucho, y aprendí a hacerlo en voz alta.
Pido perdón muchas veces, sin avergonzarme, y argumentando mi equivocación.
A veces hablo creyendo que no me oye, dando ejemplos, miles de ejemplos. Y luego, veo que aplica su versión, muchas veces mejorada.
Todos los temas pueden ser oídos, de hecho construyo espacios para que sean activamente oídos.
Me río en la calle escuchando ocurrencias y ante mis preguntas me sorprenden las respuestas.
Dejó los pañales, la besé, habló, me miró, corrió, me besó, se trepó, se cayó, lloró, empezó el colegio, la reté, la dormí, me despertó, lloramos, nos enojamos, la despierto, la beso cada vez que puedo.
Eso me pasó, mi hija esta ahí con casi 13, casi terminando su primaria, casi empezando su secundaria..y yo? Acomodándome con prisa, sorprendida, acompañandola, y amándola, siempre amándola.

Lo místico de un viaje culposo

Por Sole Lladó

Llegaron mis 44 y mas allá de la crisis que a una le da porque se cae la cola, te atacan los pensamientos místicos y te replanteas desde la profesión hasta el mantel que vas a poner en una cena … se me ocurrió, acompañada por el sol de mi marido, que seguramente en alguna otra oportunidad lo criticare pero es un divino que me banca en todas, regalarme un viaje MISTICO: MACHU PICCHU … bueno …

Primero, lo primero: que mi hijita de 6 no podía hacer ese viaje ya que no camina ni dos cuadras y yo quería hacer el Camino del Inca (que me perdone el Inca Manco Capac) que son unas cuantas horas caminando de un dia y de otro unas más, sumado el «mal de altura» (el sorocho que te agarra es terrible); además eran poquitos días y podía quedarse con alguien así nosotros nos reencontrábamos como pareja (dale! a quien no le pasa que apenas te podes hablar con tu marido en la cena si los chicos no gritan encima de tu voz o la tv está con el volumen tan alto que no te escucha y siquiera te registra).

El tema de la agenda de esos pocos días para con mi hija fue mucho mas complicada de lo que supuse y tuve que apelar a bastantes artimañas para que la pequeña no se sienta abandonada ni sola. Por suerte, mi orfandad no es tal como para no contar con suegra, hermana y amigas, así que el plan de lujo que activamos fue (a mi parecer) solo comparable con Disney … sumando una cartulina enorme con dia a dia que comer, que hacer, remis que la lleve y traiga, Mirna (mi empleada y mi TODO) a su disposición, sobrecitos con cartitas y regalos para cada día …

Nada alcanzó. La pequeña de mis sueños TODOS LOS DIAS me lloró por mensaje, llamado o videollamado. Me reprocho su soledad y «desamparo» y me hizo jurar y perjurar que nunca más la abandonaría. ABANDONARIA, SI.

Obvio que padecí cada uno de los 5 días de mi estadía en el país vecino, no dormí, no descansé, ni miraba el paisaje por la culpa de haber abandonado por primera (y última vez, lo juro) a mi pequeño retoño ruloso, que no feliz con llorarme y con moco y lagrima y todo, se metía en mis pocas horas de sueño para que me despierte desesperada y empapada habiendo soñado que la raptaban, se tragaba un botón (si, un botón) O CRUZABA LA CALLE … y entraban ladrones y … bueno … fue un infierno interno …

Hice el camino del Inca, me senti purificada y elevada y acompañada por la energía del amor …. hasta que me tope con una piedra de la montaña, que creí ella me había elegido a mi y eso se los cuento en la próxima ja . . . solo les dejo una enseñanza que aun no pude interiorizar pero creo haber entendido: que nuestros hijos están bien siempre aunque nos digan lo contrario. Y que cuanto mas una necesita relajar, más se estresa … buena semana!!!!!