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Los recomendados de #VinoRosa de comida para llevar

Por Daniel Rosa

Esta semana les voy a recomendar tres locales que la están rompiendo con el Take Away.
Empecemos por el barrio de Palermo. Ahí tenés “La Malbequería” y “Lo de Jesús”, los locales de nuestro amigo Martin Sanmartino donde podés llevarte a tu casa varios platos, como por ejemplo de su gran parrilla. Pero lo que yo destaco, son los cortes de carne marinados y envasados al vacío para que te lleves a tu casa. ¡IMPECABLES!
En retiro esta «Chiuso», el local de comida italiana de Mariano Akman. Arracando por las croquetas de conejo, seguilo con el risottos y los ravioles de rosbif que te vuelven loco.
Y para cerrar te recomiendo «Vico». Ahí pedite las empanadas de cordero Braseado, el Cerdo y el Risotto de calabazas. ¡Todo tremendo!
Vamos ahora con la actividad enológica de la semana. Se presentaron los vinos de la bodega Familia Mastrantonio Wine Makers, vinos del Valle de Uco. Diego Mastrantonio inicio este proyecto buscando honrar el pasado vitivinícola de su familia, mirando al futuro. Todos sus abuelos fueron viticultores italianos.
Los vinos que probamos fueron 3, el DJ un 100% Malbec, el DJ Red Blend, corte de Malbec con Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. Y por último el Familia Mastrantonio, un Blend de Malbec y Petit Verdot co fermentados. Realmente unos vinazos.
Algo interesante para hacer el 12 de septiembre: una actividad que trae vinos y libros, a cargo de Dolores Lavaque presenta de manera virtual su libro “En la Cima. Salta y sus vinos”. Dolores va a recomendar algunas páginas del libro para leas antes y unos quesos que pueden quedar muy bien con los vinos de la Bodega Colome en un recorrido por los increíbles Valles Calchaquíes salteños. Los vinos van a ser Malbec, y claramente el infaltable Torrontés. Para más info escriben a hola@pisauvas.com.ar.

Las vacaciones de Mara

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Por Sole Lladó

Mara era una chica muy estudiosa y aplicada en el colegio, por eso, cuando terminaron las clases su mamá le preguntó qué quería hacer en las vacaciones, -pedime lo que desees porque te lo mereces ya que este año estudiaste mucho y te portaste muy bien- le dijo sonriente, pensando que le iba a pedir ir a la playa, al parque de diversiones o al menos a la casa de sus abuelos en la montaña. Pero eso no sucedió. Mara le dijo que quería un cuaderno de muchas hojas y lápices de colores que no se gastaran nunca. La mamá de Mara muy sorprendida fue a la librería y le compró el cuaderno más grande y la caja de lápices más eterna. Cuando llegó a su casa, Mara la estaba esperando ansiosa como si le trajera juguetes y golosinas, la abrazó muy fuerte y se encerró en su cuarto a dibujar.

Mara pasaba día y noche dibujando en su cuaderno enorme con sus lápices eternos, y de tanto, tanto dibujar noche y día, sus dibujos tomaron vida: el agua de mar de pronto salió de la hoja y la empezó a salpicar y el viento de las montañas la secó; los pájaros cantaban y las flores perfumaban. Entonces, a Mara se le ocurrió dibujar a su amiga real. Mara no tenía hermanos, ni mascotas y pensó que sería bueno tener a alguien con quien jugar y dibujar. Fue así que trazo a trazo la creó a Elena, su amiga ideal. Usó todos los colores eternos de la caja que no se gastaba nunca, era un arco iris en su totalidad. Cuando terminó de dibujarla, se sentó a esperar que Elena tomase vida, pero los minutos pasaban y no sucedía. Mara se fue a merendar para hacer tiempo y así dejar que la magia llegase a su amiga para que salte de la hoja de papel con piernas y brazos de verdad. Pero eso no pasó. Mara se puso triste y se acostó a dormir, pensando que quizá al otro día podía ocurrir. Y así pasaron dos días y dos noches, Mara ya había perdido las esperanzas de tener a su amiga ideal, entonces enojada, agarró el cuaderno más grande y los lápices que nunca se gastaban y los guardó en una caja y se fue a pasear con su mamá.

Pasaron dos días y dos noches y Mara ya había saltado a la soga, dado vueltas en bicicleta, patinado, se había comido cinco helados, dos tortas y diecisiete caramelos; aburrida abrió la caja en la que había guardado su cuaderno grande y sus lápices eternos y que sorpresa se llevó!!!! Elena ya no estaba en el cuaderno, la hoja en la que la había dibujado estaba en blanco. Empezó a buscar por todo el cuarto, sabía que muy lejos no podía ir, pero no apareció por ningún lado. Entonces se fue a merendar para darle tiempo a Elena a regresa, quizá era vergonzosa y le tenía miedo a su mamá. Pero no apareció. Esa noche se acostó y deseo muy fuerte que a la mañana Elena este a su lado, pero tampoco pasó. Entonces se fue a pasear con su mamá y cuando volvió del paseo, fue en busca de su cuaderno eterno y sus
lápices que no se acababan nunca para dibujar a otra amiga ideal, pero se llevó una sorpresa muy muy grande al oír una vocecita muy finita que le decía – Mara, los amigos ideales no existen si no le dibujas corazón – entonces miró por la ventana y vio a uno de los pajaritos que había dibujado parado en el árbol de la puerta de su casa. Mara le respondió que no podría hacerlo, porque su amiga ideal, sin corazón no estaba más en su cuaderno grande que nunca se acababa y que estaba muy triste porque no la encontraba. Entonces el pajarito le dio una muy buena idea, dibujar un corazón enorme que ocupe toda la hoja y dejarlo en la caja, entonces Mara le hizo caso, porque él también venía del mundo de los dibujos y sabía que era lo mejor para Elena.

Entonces, dibujó el corazón más grande, hermoso, rojo muy rojo, lleno de estrellitas de amor, chispas de ilusión, un toque de verde emoción y violeta esperanza y lo dejó apoyado en el cuaderno. Y se fue a merendar. Cuando volvió estaba Elena esperándola, sentada en el piso y había desparramado todos los lápices de colores que no se gastaban nunca, en el cuaderno había dibujado a Mara y sus ojos brillaban de alegría porque estaban tomadas de la mano hamacándose muy fuerte hasta tocar las nubes.

Qué nos trajo el eclipse lunar del 5 de julio

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Por Andrea Bastus

El pasado domingo tuvimos el último eclipse penumbral de luna de esta serie de 3 eclipses ocurridos en junio y julio hasta el 30 de noviembre que será el próximo lunar preparándonos para el último y más fuerte del año el 14 de diciembre, siendo éste un eclipse total de sol.

Como en todos los eclipses de luna se produjo en fase de luna llena quedando ambos luminares sol y luna en signos opuestos. En este caso se produjo con el sol a 13° del signo de Cáncer y en consecuencia la luna a 13° del signo de Capricornio. Todas aquellas personas que tengan puntos sensibles de su carta entre 10 y 16 grados de los signos cardinales : Aries, Cáncer, Libra y Capricornio sentirán estos movimientos con más intensidad.

La luna quedó eclipsada. La definición de eclipse es: “desaparición o abandono». En esta interpretación la luna representa nuestro mundo emocional, lo que necesitamos para sentirnos seguros, protegidos, animados. Nuestro chupete emocional. En este caso y en este contexto la invitación es a chequear cada vez que LA OBLIGACIÓN sostenida desde la exigencia le gana al compromiso de cuidarte. Una oportunidad para repasar todas las construcciones que hiciste para ser obediente y cumpliste para sentirte reconocido/a querido/a con el costo de sentirte solo/a. Todas esas veces que te abandonaste para que no te abandonen.

¿Qué relación estás teniendo con el AISLAMIENTO y LA SOLEDAD? ¿ Respetas los protocolos establecidos para cumplir o porque te hacen sentido? Por otro lado la cuadratura de Mercurio retrógrado en Cáncer con Marte en Aries
empuja a tomar decisiones cuando la melancolía añora volver a una “normalidad»; que ya es historia.

Poner el palabras el enojo generado por la impotencia de cumplir sin poder elegir en lugar de reaccionar será un desafío. Estamos siendo testigos de un momento bisagra en la historia donde cada uno transitará este capítulo como pueda en el contexto de esta propuesta energética.

Andrea Bastus
Astróloga
Coach Ontológico Profesional

¿Qué sentís hoy respecto de lo que sentías hace 85 días?

Por Nuria Am

¿Qué cambió en vos? ¿Te lo preguntás?
Yo sí… creo que pase por todos los estados emocionales posibles… Al principio un poco de temor… por lo que venía, por lo desconocido…. Pero también sentía alivio , de que en el calor del hogar iba a poder enfocarme en lo
importante y que en 15 días volveríamos a la normalidad.

Arrancamos con las tareas virtuales, con el trabajo a distancia como se podía…, con los bizcochuelos con los chicos… las galletitas de los sábados a la tarde, el vino compartido por zoom y las series… Todo iba “andando” y salvo la nostalgia de no poder ver a los viejos y el desorden de los horarios no pasaba mucho más.
Después la cosa empezó a complicarse… pasaba de días radiantes en los que sólo agradecía que estuviéramos bien y me preocupaba por cumplir a rajatabla con todas las medidas de seguridad y me sentía cómoda con mi nueva forma de trabajar y si hacía mi rutina de actividad física puertas adentro nada me molestaba, a la furia total de no querer hacer más bizcochuelos, ni pensar en el almuerzo y cena para todos, ni hacer la tarea con los chicos y me enfurecía limpiar las bolsas y elementos que venían de afuera.

Extrañaba como aún hoy me pasa a mis amigas, a mis papás a mis hermanos y mis sobrinos. Extrañaba mi libertad, no dar explicaciones, no contarle a todos con los que vivo que hago y dejo de hacer. Quería volver a los horarios del colegio, apurarme para llevar y traer a los chicos, charlar un rato con las mamis y salir a correr por las mañanas. En definitiva, quería que me devolvieran mi vida.

Hoy, con más de 80 días de cuarentena, y cuando el pico no ha llegado a lo más alto, todos nos sentimos algo más organizados. Nos preocupa lo económico, a todos…. la inquietud por no saber que quedará en pie después de que la ola pase…y como reinventarnos y ser resilientes para salir de esto lo menos lastimados posible.

Hoy vemos allá lejos un horizonte y cuando miramos hacia atrás, casi como una necesidad nos queremos convencer de que lo peor ya pasó.

¿Ya pasó?

Me declaro en aprendizaje permanente

Por Yamila Conti

Siempre me pude describir con algunas palabras, sin titubeos. Yo me creía muy fuerte en mis declaraciones, sin mostrar dudas, porque cualquier cosa que dejaba emerger desde mi interior podía exponerme a admitir que no estaba tan en lo cierto sobre ciertas cosas. Sentía que mi formación formal e informal me respaldaba para poder hablar de todo.

Mis decisiones varias veces no eran muy flexibles, porque cuando decidía algo, era teniendo la plena seguridad de estar en lo cierto. Mi lugar confortable era el de contener, y difícilmente podía bajar la guardia. Y tampoco contaba mucho lo que me pasaba, yo podía con lo mío.

En estos últimos años, cambié la escucha. Algo empezó a pasar debajo de mi superficie, algo que me fue desarmando. Y casi desarmada, llegué a este año.

Pasé unos días con amigas como muchas veces, y descubrí mucho de cada una de nosotras, porque capaz yo venía distinta. Y los relatos fluyeron, sin que nadie quiera sacar conclusiones mágicas, ni recetas infalibles. Y fue sanador. No porque hayamos llegado a la cura de nada, sino porque la charla nos permitió “conocernos”, conocerme. Probarme estar en silencio, porque no todo requiere respuestas, un silencio cómplice y de cuidado sin pedir nada a cambio. Y cuando abrí ciertas puertas, me di cuenta que no las quise cerrar.

Unos días después a ese viaje, señalé a una gran amiga con un palabra que sintió que la encasillaba, y se enojó. Primero me asombré por su exagerada reacción. Luego intenté explicarle que entendió mal, porque no fue mi intención (por supuesto que no!) señalarla.

Después, pensándolo mejor, me di cuenta que tenía razón, y no se si me disculpé, pero lo hago públicamente ahora. Porque aunque me considero lejos de estereotipar a la gente, algún vestigio de sociedad intentando usar moldes para que nada se vaya del cauce, tenía. Y no quiero ser ni un poquito más así.

Si realmente creo en los fines de semana sanadores, y revitalizantes con amigas, tengo que internalizar que las personas somos más de lo que mostramos, y con lo que está debajo hacemos lo que podemos, porque la primera impresión responde a ideologías que nunca me representaron.

Siempre creí que no tenía prejuicios, y mi primer gran desafío se me presentó parado en dos piernas en el cuerpo de una adolescente de 14 años, que con todos los tonos que tiene a mano, me lleva a caminos de pensamiento que son más liberadores.

Por empezar no quiero usar palabras que describan a las personas, ni a mi misma porque, como escuché hace poco, eso quita libertad, aprieta y ahoga.

Consejos de Amigas

Llega el Día del Amigo y en nuestro último programa invitamos a Mile y Sofi, dos amigas que comparten profesión trabajo y confesiones. Pararon un poco sus recorridos y nos dejaron los #gangastips. ¡Gracias Mile y Sofi!