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Se viene La Feria del Mercado

El viernes 9 de agosto hace su debut La Feria del Mercado, una feria itinerante y que recorrerá distintos mercados de la Ciudad de Buenos Aires. En esta oportunidad y para empezar, va a estar en El Mercado del Vino Boutique, en Gorriti 4968. En su salón varias bodegas dirán presente junto a varias propuestas gastronómicas. La entrada será de $600. Más información en el Instagram y Facebook  de @laferiadelmercado.

Para que no digas que no te avisé, podés ir reservando tu lugar en estos próximos eventos.

  • Del 15 al 18 de agosto se viene la feria gastronómica más importante del país: se viene la nueva edición de Masticar, en el barrio porteño de Colegiales: participarán como todos los años los mejores chef y tendrán su espacio los restaurantes más renombrados. Lo más interesante es que por precios módicos se pueden probar platos exclusivos. Además de estar abierto durante todo el día, se puede comprar en el mercado que abastecen a los expositores.
  • El 22  y 23 de agosto se viene la Feria de Vinos de Alta Gama, un encuentro con los mejores vinos del país. Luego de realizarse por más de 20 ediciones en las ciudades de Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y en el Hotel Sofitel la Reserva Cardales en su versión de lujo, el próximo jueves 22 y viernes 23 de agosto llega la 4ta edición porteña de la feria de vinos “Alta Gama”. La feria se propone reunir los mejores vinos del país así como algunas destacadas etiquetas de Chile, España, Hungría y Francia. En esta edición el encuentro será en el Palacio Paz, en la  Av. Santa Fé 750, de la Ciudad de Buenos Aires. Para comprar entradas ingresa a Eventbrite.
  • Y por último, en el mes de septiembre se viene BAC Inspira, el evento más importante de cocktelería argentina, que más adelante daremos más detalles!

Me declaro en aprendizaje permanente

Por Yamila Conti

Siempre me pude describir con algunas palabras, sin titubeos. Yo me creía muy fuerte en mis declaraciones, sin mostrar dudas, porque cualquier cosa que dejaba emerger desde mi interior podía exponerme a admitir que no estaba tan en lo cierto sobre ciertas cosas. Sentía que mi formación formal e informal me respaldaba para poder hablar de todo.

Mis decisiones varias veces no eran muy flexibles, porque cuando decidía algo, era teniendo la plena seguridad de estar en lo cierto. Mi lugar confortable era el de contener, y difícilmente podía bajar la guardia. Y tampoco contaba mucho lo que me pasaba, yo podía con lo mío.

En estos últimos años, cambié la escucha. Algo empezó a pasar debajo de mi superficie, algo que me fue desarmando. Y casi desarmada, llegué a este año.

Pasé unos días con amigas como muchas veces, y descubrí mucho de cada una de nosotras, porque capaz yo venía distinta. Y los relatos fluyeron, sin que nadie quiera sacar conclusiones mágicas, ni recetas infalibles. Y fue sanador. No porque hayamos llegado a la cura de nada, sino porque la charla nos permitió “conocernos”, conocerme. Probarme estar en silencio, porque no todo requiere respuestas, un silencio cómplice y de cuidado sin pedir nada a cambio. Y cuando abrí ciertas puertas, me di cuenta que no las quise cerrar.

Unos días después a ese viaje, señalé a una gran amiga con un palabra que sintió que la encasillaba, y se enojó. Primero me asombré por su exagerada reacción. Luego intenté explicarle que entendió mal, porque no fue mi intención (por supuesto que no!) señalarla.

Después, pensándolo mejor, me di cuenta que tenía razón, y no se si me disculpé, pero lo hago públicamente ahora. Porque aunque me considero lejos de estereotipar a la gente, algún vestigio de sociedad intentando usar moldes para que nada se vaya del cauce, tenía. Y no quiero ser ni un poquito más así.

Si realmente creo en los fines de semana sanadores, y revitalizantes con amigas, tengo que internalizar que las personas somos más de lo que mostramos, y con lo que está debajo hacemos lo que podemos, porque la primera impresión responde a ideologías que nunca me representaron.

Siempre creí que no tenía prejuicios, y mi primer gran desafío se me presentó parado en dos piernas en el cuerpo de una adolescente de 14 años, que con todos los tonos que tiene a mano, me lleva a caminos de pensamiento que son más liberadores.

Por empezar no quiero usar palabras que describan a las personas, ni a mi misma porque, como escuché hace poco, eso quita libertad, aprieta y ahoga.

Nuevos caminos, nuevos desafíos

En nuestro último Muy de Minas Radio conversamos sin pausa con Fernanda Cohen, Ilustradora y empresaria, dueña junto a Julieta Ortega de JOTA&CO, marca de pijamas y ropa cómoda.
Formada en New York, Fernanda trabajó en The Ney York Times, COSMOPOLITAN, Tiffany & Co, Coca Cola, GAP, Clarín, Jazmín Chebar, y VER, entre otros. Recibió premios internacionales y fue la cara del perfume 212 VIP DE Carolina Herrera. También creo La Guía Ilustrada del Orgasmo Femenino, que cuenta con el prólogo de Juan Carlos Kusnetzoff.
La ilustración la fue llevando por distintos ámbitos, y es una creadora nuevos desafíos.
Además, estuvimos con Verónica Oliveti, coordinadora de RRHH de la empresa de tecnología Belatrix, que fue la última sede de #WomenHack, iniciativa que promueve la igualdad de género en la tecnología, ya que hoy en día la brecha del empleo en este sector es de 70 / 30, entre hombres y mujeres.

Necesito que me necesites

 

Por Soledad Lladó
-Pensamos en invitarla a Charo una semana de vacaciones a Pinamar o los 15 días, pero no sé si no va a extrañar. -me dijo muy contenta mi hermana y mi corazón se aceleró. Automáticamente le puse que no, gracias, pero borré lo escrito y pensé que tenía que consultarle al papá de la criatura. Y así fue, cuando le dije a Guido le pareció buenísimo para Charo y para tener unos días solos y bla bla bla bla- no paraba de ver las bondades de que Charo se vaya con sus tíos a la playa.

Así empezó mi crisis. Primero me enojé con él, por no ver realmente lo terrible de la situación; después le dije a mi hermana que era una responsabilidad muy grande, quizá se replanteaba la invitación. Hasta que empecé a sufrir, porque se lo conté a Charo, y para mi sorpresa, la pequeña me contesto -Siiii, van a estar de fiesta con papá y yo sola con mis tíos en la playa, ¡estoy felíz!

Y la cara era de felicidad realmente, ya no podía dar marcha atrás. Oficialmente, mi hija de 7 años, mi bebé, mi cosita chiquita, se iba sola de vacaciones sin papá ni mamá. Se lo contó a todo el que quiso escucharla y estaba excitadísima. Cada día que pasaba crecía su entusiasmo y también mi angustia. Tenía que sumarme un problema más y fue el viaje en auto. La cabeza no me paraba de dar vueltas pensando en la ruta, el miedo que me daba y cuan desesperada iba a estar hasta que lleguen. No dormí bien un par de noches, tenía pesadillas y me despertaba sobresaltada. Lo agarré a mi cuñado e hice que me prometa que iban a ir a 80 kilómetros por hora. Pensaba en mis amigas separadas, cuando sus hijos se van con el padre 15 días y me prometí no separarme jamás. Sólo por eso.

La noche anterior dormí abrazada a ella, no la quería soltar y así me levanté con una contractura fatal. Le pregunté varias veces si no me iba a extrañar, con lo cual no la estaba ayudando en nada, claramente, pero ella seguía muy segura de querer irse. Armamos la mochila juntas y mi inconsciente hizo que me olvide los trajes de baño, indispensables para la estadía. La llevamos hasta la casa de Cande y empezó mi “Countdown”. Mi hermana (seguramente revoleando los ojos y mordiéndose el labio inferior) me escribía en cada parada que hacían. Vamos al baño. Cargamos nafta. Stop para hacer pis. ¡Pobre!

Lloré un rato tapada con la almohada, aunque estaba sola en casa, pero me lavé la cara y salí a hacer tiempo y pensar en otra cosa. Cuando llego la foto del cartel de entrada a Pinamar, respiré tranquila y me dije a mi misma: -ahora solo me queda esperar que me llame llorando porque me extraña. ¡Pumba mi cerebro! Estaba haciendo todo mal. Hasta que me encontré diciéndole a mi marido por teléfono: – ¿Entendés que necesito que me necesite?

Si, párrafo anterior para el olvido. Ese era mi miedo y creo que de cualquier madre cuando sentimos que nuestros hijos están creciendo (si somos más, me siento mejor). Además, me tenía que reencontrar con mi marido sin nadie en el medio, hacer planes para nosotros solos o no hacer nada directamente, dejar que suceda. Sin horarios, sin demandas y sin ningún “mamá esto, mamá lo otro”. Dormir hasta cualquier hora y también, por qué no, volver a estar de novios. – Pero ella es todo en mi vida, me encontré diciéndole esa noche a Guido, cuando cenábamos solos comida thai (nunca cenamos solos y menos comida thai que es antiniños) y su respuesta fue tajante: -Me tenés a mí, te tenés a vos y a un montón de gente. No le pongas ese peso, Sole, me dijo. Y me relaje.

Cuando a la noche me llamo llorando porque no podía dormir, ya estaba segura de que no la iba a ir a buscar corriendo como le había prometido y tampoco a la noche siguiente. También entendí que estaba haciendo muchas cosas mal, pero que me iba a tratar amorosamente e iba a ir corrigiéndolas de a una, de a poco. Por su bien, el mío y el de la pareja.

La pareja, un capítulo aparte. Necesitábamos muchísimo estar solos esos días y ocuparnos el uno del otro. Reivindicarnos nuestro amor. Los tíos unos genios porque sin darse cuenta, salvaron a la chiquita de las inseguridades de una madre sobreprotectora, que ahora está de novia con el papá y juntos vamos a ayudarnos para que no necesite que me necesite, sino que cuando me necesite, yo esté. ¡¡¡Y todos felices!!!

 

Un cielo para volar

Por Yamila Conti

Ayer me di cuenta de muchas cosas.
Camino con los brazos libres. Duermo de corrido, salvo raras excepciones.
Coordino salidas de adultos sin programarlo con 1 mes de anticipación.
Puedo atrasarme trabajando, y adelantar mi salida de casa sin hacer malabares.
Puedo hablar con amigas por teléfono sin interrupciones; y la atención de mi mamá dejó de estar 100% en mi hermana Ana Clara y en mi.
Me pruebo ropa más rápido, porque el efecto contagio es muy «contagioso». Puedo ir al baño con la puerta cerrada y bañarme el rato que quiera.
Me encuentro con más paciencia, mis conversaciones son, casi todo el día, adultas. Los gritos los dejo sólo para cuestiones extraordinarias; y ya no soy una máquina de repetir sugerencias con pinta de órdenes.
Consensúo todo el rato. Dialogo hasta llegar a la profundidad de los temas para sacar conclusiones y nuevos temas, por supuesto.
Encuentro parecidos y opuestos en una misma hora, así como también los humores se subieron a una montaña rusa y no hay siesta que los cambie.
Me enorgullezco mucho, y aprendí a hacerlo en voz alta.
Pido perdón muchas veces, sin avergonzarme, y argumentando mi equivocación.
A veces hablo creyendo que no me oye, dando ejemplos, miles de ejemplos. Y luego, veo que aplica su versión, muchas veces mejorada.
Todos los temas pueden ser oídos, de hecho construyo espacios para que sean activamente oídos.
Me río en la calle escuchando ocurrencias y ante mis preguntas me sorprenden las respuestas.
Dejó los pañales, la besé, habló, me miró, corrió, me besó, se trepó, se cayó, lloró, empezó el colegio, la reté, la dormí, me despertó, lloramos, nos enojamos, la despierto, la beso cada vez que puedo.
Eso me pasó, mi hija esta ahí con casi 13, casi terminando su primaria, casi empezando su secundaria..y yo? Acomodándome con prisa, sorprendida, acompañandola, y amándola, siempre amándola.